México busca incorporarse de manera más profunda al clúster de semiconductores que crece en Arizona, donde las inversiones estadounidenses y de fabricantes como TSMC están transformando la cadena de suministro regional. La estrategia mexicana no parte de fabricar chips completos de inmediato, sino de desarrollar proveeduría, ensamblaje, pruebas y talento especializado, aprovechando la cercanía geográfica y el T-MEC. El Gobierno prevé que las primeras cadenas de proveedores puedan tomar forma en los próximos dos años.
Esta es una oportunidad industrial de largo plazo, pero con efectos potenciales muy concretos para el comercio exterior. Si México logra capturar etapas de ensamble, pruebas y proveeduría, crecerán las operaciones de importación temporal de componentes, maquinaria especializada y equipos de alta tecnología, así como las exportaciones de mayor valor agregado. Para las empresas mexicanas, el reto no será únicamente atraer inversión: será demostrar capacidad técnica, cumplimiento regulatorio y trazabilidad suficientes para entrar en una cadena de suministro extremadamente exigente.