La interrupción eléctrica que afectó a los servidores del SAT volvió a poner sobre la mesa un riesgo que, para el comercio exterior mexicano, ya no puede considerarse excepcional. Las intermitencias impidieron generar el DODA y terminaron trasladándose a patios, bodegas y cruces fronterizos. El efecto fue medible: operadores de transferencia que normalmente realizan alrededor de 2.5 vueltas diarias bajaron a aproximadamente 1.5. El problema adquiere otra dimensión porque el autotransporte concentra 75.6% del intercambio México–Estados Unidos registrado entre enero y julio de 2026.
El sistema ya está restablecido, pero la contingencia dejó una vulnerabilidad operativa difícil de ignorar: una falla de infraestructura pública puede detener procesos que a las empresas certificadas OEA se les exige mantener respaldados. Para importadores, exportadores, agentes aduanales y transportistas, esto justifica la revisión de los planes de continuidad, las ventanas de cruce, los inventarios de seguridad y los protocolos ante la indisponibilidad del DODA. En operaciones just in time o con productos perecederos, unas horas de interrupción pueden convertirse rápidamente en costos extraordinarios, saturación de patios o pérdida de vida útil.